Algunos dicen que San Martín cruzó La Cordillera en mula, las fábulas y mentiras colegiales en caballo blanco, pero después del mediodía del domingo muchos podrían afirmar que la cruzó en toro.
La superioridad que demostró el conjunto de Mataderos fue contundente durante los 90 minutos. Cómo para matar el tiempo de la especulación y dejar en claro quién sería el ganador de la noche, a los siete minutos, el primer desborde de muchos, de Ruso sorprendió a la inanimada defensa y en el primer palo, Lemo anticipó cualquier movimiento de los defensores, cruzó la pelota de cabeza para dejar clavado a Cáceres en su lugar y marcar el primer grito de la noche.
El dominio ya estaba establecido a lo largo y a lo ancho del campo de juego. Pasaban los minutos y la visita no reaccionaba y Chicago probaba diferentes medios de acercarse a la segunda conquista. A los 20 se vio una jugada preparada que no resultó como en las prácticas y el tiro de Talín se fue por encima del travesaño.
El jugador al que había que cuidar del conjunto comandado por Luis Blanco era entre otros a el grandote Giménez. Éste se acercó a Gómez con un disparo lejano intrascendente. El centro delantero tuvo que retroceder en el campo en más de una ocasión para tener contacto con el balón.
Minutos más tarde en una acción calcada por su comienzo, le permitió a “El verde” estirar la ventaja, ya que Ruso volvió a desbordar por derecha y estaba entrando desde atrás tan veloz como un fantasma, Lemo cabeceó abajo y empezó una larga carrera para gritar por primera vez en su carrera, dos veces en una noche.
Lo que faltaba de la primera parte se fue sin pena ni gloria y con un entusiasmo y aplausos que bajaron de la tribuna, contagiado desde el césped.
El segundo tiempo siguió con la misma tesitura, y a pesar del esfuerzo y de los cambios el “mil rayita” no inquietó a la defensa y mucho menos a Agustín Gómez. La defensa estuvo acertada en cada intervención al igual que el debutante Rocaniere.
Cuando todo daba a entender que el partido estaba definido el DT hizo ingresar a Lemos por Erviti para reforzar el medio y eso produjo un retroceso en el campo y en el dominio del balón. Para remediar esa falla, se demoró siete minutos, ingresó Distéfano por el goleador. Cuando la tranquilidad volvió, se animó y juntó a Cornejo con el resto y la defensa ahora sí era de tres. El abrumante desempeño de “los reseros” dio la puntada final a dos minutos de que se cumpla el tiempo reglamentario. Una jugada antes Carboni, erraba increíblemente un gol mano a mano con el arquero y sin otra marca. Pero el nueve se redimió a la jugada siguiente convirtiendo la más difícil y colocó el balón entrando a la carrera por la derecha bien arriba, inalcanzable, para sellar la goleada. Tres a cero resultado final, tres victorias seguidas, y la punta en solitario para Chicago.
Carlos M Blanco.
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