martes, 6 de octubre de 2009

PICOTAZO DEL CANARIO

Todo lo que baja sube, todo principio tiene un final, cada racha tarde o temprano llega a su fin.
La derrota frente a Flandria le puso fin a los seis encuentros sin recibir goles quitándole además la posibilidad de sumar al menos un punto. La cima de las posiciones ya había quedado algo lejos después del empate frente a Armenio, y aún más después de alcanzar el fondo futbolístico el sábado. Sólo a través de centros que llovieron desde todos los ángulos -sin nunca ser conectados por las cabezas verde y negras- y remates de media distancias fueron los recursos para llegar al arco rival.
El encuentro como cada uno que se juega en Mataderos comienza con el local teniendo el balón tratando de imponer su estilo de juego para contrarrestar el catenaccio, el juego brusco y el encierro que se autoimponen los visitantes para entorpecer los caminos que Chicago busca abrir para llegar al gol.
La inclusión de Cornejo desde el inicio no cumplió con lo pensado por el DT ya que no fue la pieza de desnivel, distribución y conexión con sus compañeros para inyectarle el ritmo de juego necesario y así romper con la monotonía que buscó el rival, tras las faltas sistemáticas para impedir jugar a El Verde.
Flandria por momentos intentó manejar los tiempos y el balón a través de Montenegro buscando al siempre inquietante De Porras. Cuando avanzó en el terreno se dio cuenta que el medio ya lo dominaba le faltaba llegar al área y ante la supuesta línea de tres encontró huecos por los laterales, ya que Escudero siempre estuvo perdido para cubrir el derecho, siendo central su puesto natural y Domenéz no siente la marca ya que es un jugador de características ofensivas sobretodo.
En el momento justo para dar un golpe y dejar sin reacción al rival fue cuando desde los pies de Vicente, tras una pared con González y un remate cruzado, perfecto, que dejó sin reacción a Agustín Gómez.
Si no se podía empeorar en el pensamiento general, la sorpresa fue general, desde el público, los jugadores y el DT, ya que Chicago en el ST no salió despierto del todo, falto de reacción, y un rápido y fuerte remate del pelado De Porras, dejó estupefacta a la República de Mataderos. Dos a cero y a empezar a escalar la empinada cuesta de la desventaja.
La forma de juego no cambió por parte de ninguno de los equipos, el ingreso de Ruiz en el local tampoco tuvo el efecto deseado y además se hace expulsar tontamente Russo.
Chicago era un manojo de nervios y pura impotencia, para ilusionar a los presentes Facundo Lemmo volvió a marcar y cómo más le gusta, rematando casi a quemarropa. El descuento no llegaba tarde, aún faltaban siete minutos además Rapalini adicionó seis, todo conspiraba para una remontada importantísima. Claro que nadie contó con que este equipo carece de armas para hacer la diferencia cuando lo esperan. No sabe jugar si no le dan espacios y arriesgan por igual.
El próximo encuentro será en una cancha de metegol donde para seguir cerca de la ilusión habrá que idear una nueva estrategia.
Carlos Blanco.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El toro le quita el fuego al dragón

MÁS QUE UN PUNTO
El encuentro frente a Defensores resultó ser un partido que mostró un Chicago casi completo, ¿porqué?, le faltó el gol. Se esperaba un partido trabado, bien disputado en mitad de cancha y poco jugado. Chicago tenía el recuerdo fresco de la eliminación en la temporada pasada del reducido, el Dragón también, por eso buscaría propinarle la primera derrota al puntero. El desarrollo en su totalidad fue parejo, la diferencia estuvo en las oportunidades desperdiciadas o salvadas por los arqueros. La clave estaba en ganar el medio por ello la disposición táctica de ambos entrenadores. El local intentó buscar desequilibro y ventaja desde el manejo de Ceratto y Lupino y la ayuda que Batallini podía propiciar por momentos. En cambio la visita se apoyaba para llegar al arco de Sanzoti en el manejo de Lemo y Domenéz, aunque también esperaba el aporte de Erviti cuando no estuviera abocado a la marca y a la asistencia de Pepe. En el octavo minuto de juego la chance estuvo del lado de Defe. Se produjo una contra que dejó solo a Molina y ante la salida de Gómez tocó al palo más lejano en diagonal y el balón rebotó contra el parante, pasando rápidamente el peligro. Cuando “El dragón” se dio cuenta que la visita tenía su mayor deficiencia en defensa ya que marcar con tres dejaba un agujero por el lado derecho en especial y Talín acostumbrado a actuar de central no podía parar a Maxi, hermano del Pupi Cerato, que fue uno de los más desequilibrantes en ataque. Entre el minuto 34 y el 40, Agustín Gómez, se convirtió en la figura del encuentro, ya que al menos se pudieron contabilizar dos intervenciones extraordinarias y salvadoras. Pasada la tempestad vino la calma hasta el final de la primera parte. En el segundo la actitud y la imposición en el campo por su posición y dominio del balón, dejó a Chicago cómo el equipo que se acercaría más rápido a la apertura del marcador. A pesar de sufrir la expulsión de Lemo, el medio se re equilibró con el ingreso de Distéfano por Ramos. El zurdo le dio mayor movilidad al trato del balón y pudo establecer algunas conexiones con el solitario Carboni, que aguanta hasta un misil si se lo tiran. Se acrecentó el ida y vuelta incansable de Ruso y Domenez pasó de la intrascendencia a ser un socio muy importante del torito Distéfano. Si hay alguien más a quién mencionar ese es Hernán González que es el jugador más solido y constante del fondo. Finalmente la contienda se fue con la sensación de que el empate fue el mejor resultado, pero cómo en cada afirmación existe una contradicción, la sensación fue que en el balance de los 90 minutos Chicago hizo más que Defe para llevarse la victoria. El punto suma y sirve para seguir en soledad en la punta. Cuatro al hilo sin perder ni recibir goles, ya es una racha con antecedentes en comienzo de un campeonato, ahora sólo queda extenderla. Carlos M Blanco.
Formaciones:
Club Atlético Defensores de Belgrano (3-3-2-2) 1. Sanzoti- 2. Villagra, 6. Bocca, 4. Martínez - 3. Rocchi, 8. Battallini, 5. Paez - 7. Ceratto, 10. Lupino - 11. Sconochiari 9. Molina.
Club Atlético Nueva Chicago (3-5-2) 1. Gómez - 3. Rocaniere, 2. González, 6. Talín - 4. Russo, 5. Pepe, 8. Ervitti, 11. Lemo, 10. Domenez - 7. Ramos, 9. Carboni
Cambios:
Defensores: 13.Tarabini x 3 (‘13), 15.Ascenzo x 4 (‘23st), 16.Mazoratti x 10(‘31st).
Chicago: 16.Distéfano x 7 (‘2st), 17.Cornejo x 8(’24st), 15.Lemos x 4 (‘41st).

Tormenta sobre Los Andes

Algunos dicen que San Martín cruzó La Cordillera en mula, las fábulas y mentiras colegiales en caballo blanco, pero después del mediodía del domingo muchos podrían afirmar que la cruzó en toro.
La superioridad que demostró el conjunto de Mataderos fue contundente durante los 90 minutos. Cómo para matar el tiempo de la especulación y dejar en claro quién sería el ganador de la noche, a los siete minutos, el primer desborde de muchos, de Ruso sorprendió a la inanimada defensa y en el primer palo, Lemo anticipó cualquier movimiento de los defensores, cruzó la pelota de cabeza para dejar clavado a Cáceres en su lugar y marcar el primer grito de la noche.
El dominio ya estaba establecido a lo largo y a lo ancho del campo de juego. Pasaban los minutos y la visita no reaccionaba y Chicago probaba diferentes medios de acercarse a la segunda conquista. A los 20 se vio una jugada preparada que no resultó como en las prácticas y el tiro de Talín se fue por encima del travesaño.
El jugador al que había que cuidar del conjunto comandado por Luis Blanco era entre otros a el grandote Giménez. Éste se acercó a Gómez con un disparo lejano intrascendente. El centro delantero tuvo que retroceder en el campo en más de una ocasión para tener contacto con el balón.
Minutos más tarde en una acción calcada por su comienzo, le permitió a “El verde” estirar la ventaja, ya que Ruso volvió a desbordar por derecha y estaba entrando desde atrás tan veloz como un fantasma, Lemo cabeceó abajo y empezó una larga carrera para gritar por primera vez en su carrera, dos veces en una noche.
Lo que faltaba de la primera parte se fue sin pena ni gloria y con un entusiasmo y aplausos que bajaron de la tribuna, contagiado desde el césped.
El segundo tiempo siguió con la misma tesitura, y a pesar del esfuerzo y de los cambios el “mil rayita” no inquietó a la defensa y mucho menos a Agustín Gómez. La defensa estuvo acertada en cada intervención al igual que el debutante Rocaniere.
Cuando todo daba a entender que el partido estaba definido el DT hizo ingresar a Lemos por Erviti para reforzar el medio y eso produjo un retroceso en el campo y en el dominio del balón. Para remediar esa falla, se demoró siete minutos, ingresó Distéfano por el goleador. Cuando la tranquilidad volvió, se animó y juntó a Cornejo con el resto y la defensa ahora sí era de tres. El abrumante desempeño de “los reseros” dio la puntada final a dos minutos de que se cumpla el tiempo reglamentario. Una jugada antes Carboni, erraba increíblemente un gol mano a mano con el arquero y sin otra marca. Pero el nueve se redimió a la jugada siguiente convirtiendo la más difícil y colocó el balón entrando a la carrera por la derecha bien arriba, inalcanzable, para sellar la goleada. Tres a cero resultado final, tres victorias seguidas, y la punta en solitario para Chicago.
Carlos M Blanco.

Un Chicago diferente

La visita a Almagro no implicó un riesgo sino que fue la confirmación de que este equipo tiene más de una variante para lograr la victoria.

Se suponía que una cancha en pésimo estado podía entorpecer las intenciones de juego y anular al conjunto de Mataderos, a fuerza de una enajenada lucha en el medio y proponer un juego aéreo.

En esta ocasión, se demostró que jugar al fútbol implica adaptarse a las circunstancias, y eso fue lo que hizo “el verde”; jugándole de igual manera pero con la inteligencia de aprovechar las desventajas del rival. Las primeras llegadas al área de Pave fueron a través de centros buscando la cabeza de Carboni, que no lograba apuntarle al arco. El acercamiento a los arcos estaba interrumpido por el juego trabado, friccionado en el medio. Se trataba más de ver quién podía pegarle más alto al balón y al cuerpo del rival, olvidándose de los compañeros-el hombre en posesión de la pelota- siendo la mayor parte del tiempo errático.

Por el lado de Chicago alguna incursión de Cornejo alimentaba la esperanza de llegar con pelota dominada para marcar el desequilibrio. Nada de eso pasó y cada vez se hizo más complicado. Después de lo visto en la primer fecha frente a Morón, la propuesta del conjunto que enfrente a “el verde” se basa en la destrucción de sus líneas y en la marcación férrea a los desnivelantes del medio.

En un descuido en la marca del “tricolor” propicio el penal a Cerato que piso el área entre los muchos que intentaban derrumbar el muro del local y un evidente agarrón frente a los ojos de Vigliano, fue el desenlace para lograr lo que se había buscado desde un comienzo. Dieciocho minutos y Talín se hizo cargo del penal, para rematar alto, fuerte e inalcanzable, y así ponerle cifras definitivas al marcador.

Alguna jugada más pudo ampliar la ventaja conseguida, y aunque la victoria volvió a ser por la mínima diferencia, demostró que además del bien mentado “tiki-tiki” el conjunto de la República de Mataderos, tiene garra, espíritu y hambre de gloria.

Carlos M Blanco.

domingo, 23 de agosto de 2009

Renovación 9

El comienzo de esta temporada sorprendió a más de uno, no sólo por los nombres que aparecieron vistiendo la casaca de Chicago, sino porque el triunfo frente a Morón por uno a cero, fue obra de un equipo que se entendió en todas sus líneas aunque le faltó contundencia.

Desde el comienzo nomás El Verde buscó el arco de Migliardi con un remate a los 30 segundos que se fue desviado. La premisa era abrir la cancha, encontrar los espacios para quedar solo en el vacío y acercarse hasta estar mano a mano con el arquero visitante. El despliegue de Erviti por izquierda y las subidas desde el fondo de Ruso por derecha complementándose con Cogrossi, hicieron que la mitad de cancha local casi ni fuera traspasada por El Gallo en los 90 minutos. Claro que la recuperación del balón estuvo a cargo de Pepe siendo fundamental para abastecer a sus compañeros. Muy poco se vio de Domenéz de los del medio, participando en lapsus del encuentro. Los del fondo se supieron amoldar y sólo vacilaron sobre el final cuando la visita se fue a por el empate.

Aunque las chances de gol clara se puedan enumerar con los dedos de una sola mano, fueron suficientes para merecer los tres puntos. En una jugada casi de contragolpe, avanzó desde el fondo Talín para que en un pase a lo “Gomito” habilitara a Carboni que remató cruzado e invadió el alivio de las almas Chicaguenses que estaban ávidas de un grito esperanzador.

Chicago le ganó a Morón usando todas las armas a su disposición entre ellas la garra y el buen fútbol. La visita intentó destruir cada intentó pero le faltó juego para acompañar el intento de copar el medio de Orfila. Sólo dos jugadores que habían participado la temporada estuvieron en cancha, Pepe y Borelli, también hubo dos re-estrenos Monllor y Talín, el resto debutó con la camiseta verde y negra.

jueves, 4 de junio de 2009

Murió la ilusión


"Muerte la ilusión sabe igual que el fracaso". Siempre se puede parafrasear a algún genio escritor para encontrar las palabras descriptivas de un hecho tan miserable. Lo de Chicago el martes por la tarde fue desgarrador. Lo más triste en ciertas ocasiones es perder la identidad. Ya nadie respeta una historia ni un reducto que se había impuesto ante rivales que siempre se encogieron, sin importar sus nombres, cuando visitaban Mataderos. Pocos jugadores en la última década entendieron el significado y el valor de usar esta camiseta. Frente a Defensores de Belgrano además faltó un cabeza de grupo que hiciera llegar el mensaje. Faltó que conociera el significado de las palabras, ya que a veces, no alcanza con sólo decirlas. Cuando Gigena, ya sea por su problema personal y otras cuestiones, desapareció despupés del partido en Morón, Chicago no supo a que jugar ni lo pudo reemplazar. Los pibes del club, como se dice de manera corriente, tuvieron la conciencia de lo que se jugaban, pero no la experiencia para imprimirlo en la cancha. Por eso nada más cierto que los campeonatos no lo ganan los pibes.