Todo lo que baja sube, todo principio tiene un final, cada racha tarde o temprano llega a su fin.
La derrota frente a Flandria le puso fin a los seis encuentros sin recibir goles quitándole además la posibilidad de sumar al menos un punto. La cima de las posiciones ya había quedado algo lejos después del empate frente a Armenio, y aún más después de alcanzar el fondo futbolístico el sábado. Sólo a través de centros que llovieron desde todos los ángulos -sin nunca ser conectados por las cabezas verde y negras- y remates de media distancias fueron los recursos para llegar al arco rival.
El encuentro como cada uno que se juega en Mataderos comienza con el local teniendo el balón tratando de imponer su estilo de juego para contrarrestar el catenaccio, el juego brusco y el encierro que se autoimponen los visitantes para entorpecer los caminos que Chicago busca abrir para llegar al gol.
La inclusión de Cornejo desde el inicio no cumplió con lo pensado por el DT ya que no fue la pieza de desnivel, distribución y conexión con sus compañeros para inyectarle el ritmo de juego necesario y así romper con la monotonía que buscó el rival, tras las faltas sistemáticas para impedir jugar a El Verde.
Flandria por momentos intentó manejar los tiempos y el balón a través de Montenegro buscando al siempre inquietante De Porras. Cuando avanzó en el terreno se dio cuenta que el medio ya lo dominaba le faltaba llegar al área y ante la supuesta línea de tres encontró huecos por los laterales, ya que Escudero siempre estuvo perdido para cubrir el derecho, siendo central su puesto natural y Domenéz no siente la marca ya que es un jugador de características ofensivas sobretodo.
En el momento justo para dar un golpe y dejar sin reacción al rival fue cuando desde los pies de Vicente, tras una pared con González y un remate cruzado, perfecto, que dejó sin reacción a Agustín Gómez.
Si no se podía empeorar en el pensamiento general, la sorpresa fue general, desde el público, los jugadores y el DT, ya que Chicago en el ST no salió despierto del todo, falto de reacción, y un rápido y fuerte remate del pelado De Porras, dejó estupefacta a la República de Mataderos. Dos a cero y a empezar a escalar la empinada cuesta de la desventaja.
La forma de juego no cambió por parte de ninguno de los equipos, el ingreso de Ruiz en el local tampoco tuvo el efecto deseado y además se hace expulsar tontamente Russo.
Chicago era un manojo de nervios y pura impotencia, para ilusionar a los presentes Facundo Lemmo volvió a marcar y cómo más le gusta, rematando casi a quemarropa. El descuento no llegaba tarde, aún faltaban siete minutos además Rapalini adicionó seis, todo conspiraba para una remontada importantísima. Claro que nadie contó con que este equipo carece de armas para hacer la diferencia cuando lo esperan. No sabe jugar si no le dan espacios y arriesgan por igual.
El próximo encuentro será en una cancha de metegol donde para seguir cerca de la ilusión habrá que idear una nueva estrategia.
Carlos Blanco.
martes, 6 de octubre de 2009
PICOTAZO DEL CANARIO
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